El tema de la cuota de pantalla está en el centro de las piezas de opinión de La Nación de hoy. Ya en un posteo anterior me declaré en contra no de la cuota en sí, sino de los números que se barajan para mantener una copia en exhibición (que llegan a ser del 10% de la ocupación de la sala para salas grandes, lo cual implica operar a pérdida).
En estas opiniones de hoy se mezclan argumentos válidos con el típico nacionalismo militante que esta en alza en estos días por Argentina. Juan José Campanella declama que en materia de inversión, su película “’Luna de Avellaneda’ costó tanto como un complejo de diez salas” – con lo cual lo invitaría entonces a erigir un complejo de diez salas donde se muestre sólo cine argentino, en vez de forzar a otras empresas a exhibir su producto. Lucrecia Martel arremete “Este país fue zona liberada durante una década. El resultado son 21 millones de pobres.” – a lo cual le diría que la única causa de los pobres no es la liberación de mercado, y quizás no sea siquiera la más importante.
Más allá de los arrebatos altisonantes: una cierta cantidad de protección es saludable – todos sabemos que no sólo las películas argentinas sino todas las películas en estos días son canibalizadas por la cultura del estreno. Esto es en parte de este mundo más veloz que vivimos, que quiere cosas nuevas todo el tiempo. Pero el negocio tampoco es el mismo que era hace 20, 30 o 40 años y aquellos que se saben adaptar recuperan sus inversiones en el nuevo mercado que vivimos. Estos días, los productores y distribuidores internacionales reciben tanto o más ingresos por pasar rápidamente a video o DVD las películas que se estrenan, por los derechos de televisión, por el merchandising asociado, por el “product placement” en las películas (es decir, por el hecho de que un personaje tome Coca Cola en lugar de Pepsi) - con lo cual el incentivo de recuperación en las salas no es tal.
El cine argentino no ha aprendido a explotar este modelo – sigue en la mentalidad del cine de autor – y en general político, lo que reduce la cantidad de espectadores - por sobre el cine de entretenimiento puro (en vez de un equilibrio entre ambos en el cual uno paga por el otro), de películas que no tienen una larga vida más allá de la sala cinematográfica, de no explotar carriles alternativos. Mientras sigan con esta mentalidad no habrá solución de fondo - la cuota de pantalla será un paliativo a corto plazo, pero en el largo plazo si no hay reinvención no hay solución