Más opiniones en La Nación, esta vez a través de Mariano Grondona sobre las leyes de Educación Sexual. En la nota hay de todo. Hay cosas con las cuales puedo coincidir, y hay falta de definiciones donde debe haberlas, y hay un cierto tufillo de resquemor contra todo lo distinto. Aun así, es un paso adelante con respecto al editorial del diario que ya he comentado en el pasado, pero aún conserva ciertas contradicciones y algunas omisiones que falsean el resultado.
Lo primero que me llama la atención es la falta de definición de Grondona en esta nota. Habla de que no se debe dar a todas las expresiones sexuales el mismo valor moral – con lo cual puedo estar de acuerdo - aunque debo decir que me llama la atención que mencione un cierto número de prácticas sin pronunciarse sobre cuáles le parecen objetables. Hay un cierto aire de provocación gratuita en este recuento en la nota (lo que los americanos llaman “titillation”), quizás siguiendo el viejo axioma de que si mencionamos lo aceptado y lo no aceptado y lo que está más allá de toda aceptación posible (¿es la poligamia algo que se vendría a enseñar es las escuelas? por favor…) todo al mismo tiempo, el lector va a responder retirándose con fuerza hacia la seguridad de lo que conoce (la postura conservadora, si se quiere). Un recurso barato en la oratoria, si los hay, y que no ayuda a la comprensión de lo distinto.
Por otra parte hay una falsedad básica en este párrafo: el proyecto sí declara que se debe enseñar con respecto a un cierto conjunto de valores, específicamente en su artículo 8. Bajo sus fundamentos lee:
Determinar cuáles deben ser esos valores específicos requiere debates y polémicas en las que el Estado no debe inmiscuirse; pero sí puede plasmar en una norma de derecho positivo los principios filosóficos referentes a la educación sexual comunes y deseables para todos los ciudadanos del Estado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La norma propuesta en esta ley es una ética civil mínima en educación sexual, constituida por un conjunto de principios básicos, compartidos por el cuerpo social, cuyo interjuego determine qué es lo permisible y qué no lo es en el campo de la educación sexual.
Y sigue:
Todo enfoque normativo puede derivar en una restricción de la libertad y en un predominio del grupo sobre el individuo. Todo enfoque neutral puede derivar en daños para la ética grupal. Esta ley propone directrices que dejan amplio margen para la libertad individual, la elección, los pares y la familia, y principios básicos que instauran valores éticos que no pueden rebatirse desde la ética individual.
Cada principio básico actúa como control de los demás, y el interjuego de todos impide que se filtren contenidos socialmente indeseables bajo capa de ser individualmente permisibles. De este modo, el axioma “todos debemos respetar la variedad de valores de sexualidad” impide que el grupo o un individuo con poder imponga su criterio al individuo. No nos obliga a respetar contenidos socialmente indeseables, por más que estén sostenidos en éticas individuales. La paidofilia y la violación no pueden albergarse bajo el respeto a la variedad de valores, porque existe acuerdo en que los niños deben ser amados y cuidados, y es un principio básico que ninguna relación debe ser explotadora o forzada.
Debo decir que estos párrafos me parecen medidos por demás. No encuentro en ellos el llamado a una comunidad orgiástica que muchos conservadores declaman…
Pero digamos, en afán de discutir, que la escala propuesta luego del debate social sea demasiado básica, como dice Grondona, y que no dé el suficiente peso a qué prácticas han de ser favorecidas por la sociedad. Digamos que luego de este debate se enseñe sobre todas las prácticas que Grondona menciona.
De ahí a decir que exponer hechos o datos relacionados con algunas de estas prácticas sin mencionar al mismo tiempo la escala de valores es caer en el relativismo moral, es una simplificación racionalmente irredimible. Esto es lo mismo que decir que en zoología hablar de las ballenas sin hablar de las bondades de las vacas al mismo tiempo significa decir que las ballenas y las vacas son lo mismo. Por cierto como parte de la explicación de las relaciones sexuales podemos coincidir desde un punto de vista factual que la promiscuidad no es beneficiosa porque nos abre a las enfermedades físicas y a menor autoestima, que la monogamia es preferible, que la abstención brinda seguridad, pero que si alguien va a tener sexo estas son las maneras de protegerse, etc. Desde el punto de vista de los datos específicos se puede, racionalmente, apuntar la moral social que se desea.
Por otra parte coincido, ninguna parte debe tomar toda la tarea como propia. El Estado y la escuela deben informar de prácticas, riesgos, ciertos valores básicos que hacen a la convivencia en sociedad y demás – y los padres deben acompañar esta tarea con los valores que quieren inculcar a los hijos en la esfera de la decisión personal. Y aquí es dónde me parece que ocurre la mayor contradicción en todos los artículos publicados al respecto por La Nación y otras voces conservadoras: por una parte declaman que el Estado no tiene injerencia en la educación sexual, que es algo demasiado cercano a la formación personal, que se debe mantener en la familia. Por el otro, explican que la educación sexual brindada por el Estado debe tener un conjunto rígido de valores que explique que algunas de estas prácticas son malas. ¿En qué quedamos? ¿No dijimos antes que esto era responsabilidad de la familia? Y si es así – ¿no es mejor que la escuela explique los hechos más cercanos a la biología y la psicologia y otras ciencias asociadas, sus riesgos y beneficios, y no se meta con los valores personales más allá de aquellos valores básicos que todos compartimos (no violencia, sexualidad sana, amor, etc.)?
Esto no quiere decir que yo crea que toda la información se le deba dar a todos los niveles. La ley tampoco dice esto – simplemente marca directrices de áreas que se deben cubrir y a partir de estos se deberán incorporar los contenidos. Estoy de acuerdo que los contenidos en la escuela primaria deben ser más restringidos que en los últimos años de la secundaria, cuando los jóvenes están mas cerca de salir al mundo y más proclives a la experimentación (antes de seguir, repitan conmigo: “mi hijo/a adolescente va a experimentar de acuerdo a su curiosidad, no hay nada que pueda hacer para evitarlo, y lo mejor que puedo hacer es darles información que los mantenga saludables”… OK, ahora sigamos). A mayor edad, mayor información.
Y ahora, vamos al otro lado: la ley tampoco es perfecta y espero que mucho de lo que se postula se refine en comisión. Estoy en la cornisa con respecto al punto de que todos los colegios privados tendrán que atenerse a los mismos contenidos – por más que esté en desacuerdo con muchos de sus valores, debo admitir que pongo la libertad religiosa por sobre la necesidad de hacer llegar información de educación sexual a los adolescentes. Si un padre hace una decision consciente sobre la educacion de sus hijos, esta deberia respetarse, Entonces, me gustaría ver como se implementa esto.
El otro problema que tengo es con mucho del contenido y lenguaje en la sección de fundamentos de la ley. ¿Es necesario decir, en el 2004, lo siguiente?
El concepto “salud sexual” había ido cobrando paralelamente valores específicos por sexo, de acuerdo con la división establecida por la burguesía que tomó el poder en la Revolución Francesa
OK, aquí les va un consejo gratis para lograr consenso: guárdense las referencias a la “burguesía”, que suenan a progre reventado setentista (por más que aquí este usada en contexto histórico). También les diría que no tiene sentido escribir una sección de fundamentos haciendo un recuento de cómo la educación sexual ha ido cambiando a través de los últimos 150 años. Mucho mejor sería decir: esto es lo que la Organización Mundial de la Salud, las organizaciones de pediatras, las organizaciones de psicólogos y psiquiatras, y demás expertos recomiendan. Explicar el aquí y ahora es mucho mejor que hacer un recuento (tirando a traga) del siglo XIX y XX.
Por sobre todo, la ley no me parece mala. El debate debiera hacerla mejor. Esperemos que el debate sea abierto, y no solo una discusión de sordos.